Si una colonia de insectos sociales se observa solo durante unas horas puede dar la impresión de estar compuesta por autómatas impulsados por un conjunto homogéneo de reglas de decisión. Sin embargo, esa impresión está muy lejos de la realidad: cada miembro de la colonia difiere de una manera o de otra de sus congéneres y esa diferencia afecta su comportamiento. Cada uno tiene su propia mente. Al decir "mente" no nos referimos a una conciencia reflexiva como la humana, con conocimiento de sí y vasto alcance, sino a una conciencia cognitiva que se sustenta en un cerebro relativamente complejo, capaz de almacenar información de todas las modalidades sensoriales (gusto, olfato, tacto, vista y audición) y de conservar cierto recuerdo de los sucesos que ha experimentado en su corta vida. De hecho, ahora se sabe que las variaciones hereditarias de la capacidad de aprendizaje afectan el desempeño de las obreras 1 . Además, en muchos casos la vida no es tan corta: si bien las abe...